CASOS PERRUNOS: HISTORIAS QUE TRANSFORMAN (RAGNAR)

RAGNAR: CUÁNDO UNA SITUACIÓN ROMPIÓ LA CONFIANZA -2020-

Ragnar era un Cocker joven, de aproximadamente 1 año y medio, de esa mirada dulce y súper buenachón… lo supe nada más mirarlo.

Vivía con una pareja con energías muy diferentes: Por un lado, un dueño siempre con prisas debido al trabajo, rápido, muy activo… Por otro, una dueña mucho más tranquila, más pausada.

Eso no estaba nada mal, ya que Ragnar, hasta ese momento, era un perro estable. Comía y paseaba bien, no había grandes problemas… hasta que una mañana algo cambió.

El dueño era quien madrugaba muchísimo debido a su trabajo y se esforzaba cada mañana para pasearlo.

Esa mañana al entrar al portal después del paseo, se cruzaron con un gato negro callejero que se había colado, y Ragnar no supo cómo reaccionar y, sin querer, el dueño no supo cómo gestionarlo.

A la mañana siguiente, al intentar ponerle el collar, Ragnar no acudió a la llamada. Sin mala intención, pero con urgencia, el dueño le insistió. Ragnar se bloqueó… y terminó haciéndose pis encima.

A partir de ahí, todo cambió.

El perrito le cogió desconfianza a ese momento de salir o entrar y también, cada vez que se le llamaba para ponerle el collar: no acudía, se hacía pis, se escondía debajo de la cama… o todo a la vez. Durante semanas, la situación fue a más: evitaba el contacto, se bloqueaba en el ascensor o en las escaleras, volvía a orinarse…

Esconderse debajo de la cama se convirtió en su único lugar seguro.

La relación con su dueño empezó a deteriorarse…La frustración iba creciendo… en ambas partes.

El perrito no tenía un problema con el collar:

Tenía miedo.

Ese momento puntual, vivido con intensidad, fue suficiente para que asociara ese primer paseo, la llamada y el collar con una situación insegura.

Y cuando el miedo entra en juego, el perro no decide… reacciona.

Además, la energía del dueño (rápida, tensa, con prisa) reforzaba esa inseguridad sin que él fuera consciente.

Tuvimos que volver al punto de partida! Lo primero fue romper la asociación negativa. Trabajamos el simple hecho de poner y quitar el collar… sin que pasara nada mas después: sin salir, sin exigencias… Solo generar seguridad.

 Recuperar o incluso...generear nuevas emociones: desde el primer momento, utilizamos refuerzos muy positivos y de alto valor. Con calma, buena energía y sin presión, conseguimos algo clave: que Ragnar volviera a acercarse por voluntad propia!

Incluso en la primera sesión, logramos sacarlo de debajo de la cama sin forzar: la energía fue clave.

Trabajarmos esos bloqueos en el ascensor y escaleras: fuimos paso a paso: exposición muy progresiva, sin prisas,sin castigos ni riñas… sin presión.

Había retrocesos (bloqueos con pis…), pero se gestionaban desde la calma, con un nuevo enfoque y energía.

A veces hay que respirar y pensar como vamos a actuar por muchas prisas o estrés que tengamos…y esto suele ser lo más difícil.

Gran parte del cambio vino de trabajar con su dueño, ya que tuvo que aprender a: bajar el ritmo, gestionar su frustración y entender los tiempo del perro.

Porque no se trataba de “hacer que Ragnar obedeciera”… sino de que volviera a confiar y gestionar esos momentos que le generaban inseguridad.

 Trabajo en calle, casa y vínculo: se introdujeron ejercicios de obediencia suave, llamadas, distancia, calma… Siempre desde lo positivo, reforzando cada pequeño avance.

No fue un proceso rápido, pero poco a poco, Ragnar volvió a confiar. De esconderse a acudir a la llamada, de bloquearse a poder gestionar paseos, de evitar… a volver a conectar.

Y lo más importante: la relación con su dueño se reconstruyó desde un sentimiento y energías mucho más tranquilas, conscientes y respetuosas.

 A veces no hace falta una historia larga para que algo lo cambie todo. Un solo momento, vivido con intensidad y sin nuestra propia gestión, puede romper la confianza. Pero también puede reconstruirse.

Cuando dejamos la prisa a un lado, cuando entendemos lo que siente el perro…es cuando empezamos a comprender y avanzar de verdad.

Porque no se trata de hacerlo perfecto si no de hacerlo mejor, cada día.

 

Gracias a su dueño por no rendirse y apostar por Ragnar, incluso cuando no era fácil.

 Tita: Educadora y adiestradora canina profesional.


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